|
Vuelve
a mi memoria el recuerdo lejano
de tu cara de niña, sencilla e inocente
que, dándome la mano,
y cándida, cual rosa, pero con pecho ardiente,
me
entregaste la ofrenda de aquel beso.
Callada,
ruborosa, con cuerpo tembloroso,
gocé por vez primera de un sentimiento hermoso:
la dulce placidez de aquel tierno embeleso...
Hoy,
que en mi vejez me siento abandonado,
no puedo apartar de mi memoria
aquella dulce historia
que nunca de mi mente se ha borrado.
Y como bálsamo bueno restaña las heridas
trayendo a mi memoria aquel instante puro.
Y
lamo los zarpazos que me ha dado la vida
en este caminar hacia la muerte,
tan áspero y tan duro...
ansiando solamente poder volver a verte.
Antonio Pardal
Compartir
Comparte
esta poesía con un amigo enviándole un email.
|