MIL CARICIAS

 


Mil caricias guardo entre los dedos,
soñando en viril cuerpo resbalar.
En mi boca, mil enardecidos besos,
sin boca de hombre donde atracar.

Oasis en ardiente desierto, mis pezones,
erguidos como Faro abierto al mar,
inquieren con urgencia las razones
de su larga y dolorosa soledad.

Entra en debate el corazón, y se rebela,
contra el cuerpo, que alardea de libertad,
que no entiende de añoranzas, y pelea,
por el placer que en su memoria está.

Se arquean embravecidas las caderas,
como salvaje yegüa en puro celo,
sin importarle formas ni maneras,
que apacigüen de su sexo tanto anhelo.

Las caricias que no encuentran su destino,
rebotan sin piedad contra la nada,
y vuelven a mis manos, junto al frío,
que guarda por tu ausencia la almohada.

Y mis manos, de mil caricias llenas
se abren impotentes y rebeldes,
sobre mi propia piel, y allí las deja
silenciando el rumor interminable
del cauce del amor, siempre insaciable.



Yerbabuena.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VOLVER