PUÑALES AFILADOS

 


Media luna de plata nos miraba,
incendiando de luces la llanura.
Viento gélido la cumbre derramaba
y rompimos la paz de su hermosura.

Al calor amistoso de una hoguera,
apiñaron doce cuerpos sus temblores.
Ron añejo despertaba la quimera
liberándoles de todos sus temores.

Al embrujo de las llamas hechiceras
la guitarra desgranaba sus acordes.
Aterido corazón ¿por qué no alteras
el compás de tus latidos monocordes?

Retumbaron los yambés enloquecidos,
sacudiendo sin piedad aquella calma.
Las gargantas acoplaron sus sonidos
y doce almas se juntaron en un alma.

Resbaló de repente por mi aliento
una herida de puñales afilados.
Eterna cicatriz de sentimiento
camuflado bajo labios maquillados.

Y tu ausencia me atrapó desprevenida,
clavando su aguijón de desconsuelo
en el centro descentrado de mi vida.

Y entonces comprendí que el amor nuestro
no entiende de distancias ni de tiempo
porque habita más allá de nuestro cuerpo.


Yerbabuena.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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