Aquellos ojos
que vibraban, al mirarme,
con hondura delicada
de violonchelo...
Aquellos ojos
entornados, que
detuvieron mi tiempo
en instantes infinitos...
Aquellos ojos
que me hablaban,
confiados y serenos,
tan cerca de los míos,
tan cerca...
Aquellos ojos
que me amaban,
eran tus ojos, mujer.
Pedro