A esos ancianos, que en un asilo esperan.
¿Acaso yo elegí esta oscura alcoba?
Donde eternos los días,
en la profunda selva de los párpados
casi siempre vencidos,
pienso en ti, en que tardas;
a veces, que fui niño
y me llamaba de algún modo, que
tuvieron que crecerme en los labios palabras
y pájaros volar en mis pupilas.
Es como si esperara de siempre
tu llegada oportuna.
No sé, acaso llovió sobre mis hombros
y tuve una familia y un trabajo
y una gran casa, donde amé y fui feliz.
Me evaporo en silencio
y a veces me aseguro que estoy muerto
en esta habitación que es una tumba,
donde una voz me dice: mira, ángel
caído, las arrugas de tu frente
como una promisión: la humedad entrará
por ellas, cuando llegue.
Pero aún no oigo tus risas. Aquí estoy,
tendido, turbio y mineral, esperando.
Ven ya a beberme. Tiene mi boca
premura de tus labios.
Abierta está la puerta:
fuerzas haré para saberme vivo.
Francisco Lobo.
29-junio-2007.