Se
me nublan los ojos
y mi voz se quebranta
de gritarle a la Luna
y de tanto llamarla.
Cuando pienso que
antaño
con tan solo llamarla
bajaba a la tierra
y conmigo jugaba.
Pero un día
otros juegos
mellaron mi alma,
me olvidé de la luna
no volví a recordarla.
Han pasado los años.
Hoy la he visto de nuevo y la grito:
¡Luna, vamos a jugar, baja!
Más se queda allí quieta
sin oír mi llamada.
Y repito la cuita
recordando mi infancia.
¡Luna, vamos a jugar, baja!.
Y las nubes traviesas,
observando mis lágrimas,
en complot con el viento
sonriendo la tapan.
Mor