Sentado a la misma orilla
donde empieza el rebalaje
mirando la lejanía
donde el agua con el cielo
parece ser que se funden
en un abrazo muy estrecho.
Se me vienen a la mente
tantos años que se fueron,
viendo ese mismo paisaje,
soñando con no perderlo,
y recordando las veces
que me fui a buscar el sitio
en un barquito velero,
adonde parece que se juntan,
inseparables, la mar y el cielo.
Recuerdo tu rostro de niña,
y a mí mismo me veo,
plenos de juventud y belleza
que poco a poco se fueron,
como se van las olas
del rebalaje hacia dentro.
Aquellos besos fugaces,
que fueron los besos primeros,
que no queríamos que viera nadie,
fueran a robarnos ese embeleso
y llevárselos mar adentro,
donde se juntan, parece,
la mar y el lejano cielo.
Y han ido pasando años,
entre alegrías y sufrimientos.
Me veo aquí sentado
en el mismo cacho de terreno,
sin juventud y muchas penas
almacenadas en el pecho.
Alguna lágrima inoportuna
se desliza por los surcos
que en la cara han abierto.
Hasta hacer todo el recorrido,
y mezclarse con el agua
que la llevará, seguro,
a ese lugar tan lejano
donde se juntan mar y cielo
La mar es testigo, vida,
de lo mucho que te quiero.
Un día te juré amor,
amor dijimos sería eterno.
Y así espero, mi niña,
porque yo no sabría vivir
si eso no fuera cierto.
Y ya nunca podría, bien mío,
sentarme en este terreno
para contemplar el cielo
que se junta con el mar sereno.
Para recordar tristezas y
también muchos ratos buenos.
Para esperar el momento
en que este mar que es tan nuestro
nos lleve a los dos muy lejos.
Allá donde parece
que se juntan, como nosotros,
la mar tranquila y el cielo.
J. Julios. 3-febrero-2006.