La ví por primera vez
paseando por la orilla
de la mar calma y serena
de una mañana rojiza,
cuando era primavera
y casi el verano venía.
Llevaba unas trenzas negras
y un vestidito con cintas
blanco como la espumita
que la mar en la orilla ponía.
Ni siquiera me miró,
pero yo supe aquel día
que algo muy grande pasó
muy dentro del alma mía.
Fue como si mil rayos
penetraran en mi vida.
Y una voz que me dijo,
viniendo de la mar tranquila:
“Esa niña tan morena
con trenzas a la cintura
será para toda la vida
tu compañera en lo malo,
y en lo bueno será tu amiga.
La que aguantará tus torpezas,
tus males y tus alegrías.
La que caminará junto a ti
por la senda de la vida
Ese camino que unas veces,
está lleno de zarzales
que te van dejando heridas,
otras está lleno de flores
y otras también de ortigas
de esas que tienen veneno,
y que al tocarlas pinchan".
Ahora la niña y yo
recorrimos casi una vida.
Ya no tiene trenzas negras,
y a mi se me fue la alegría
de los tropezones que ambos
hemos dado por la vida.
Recorriendo los caminos
con las manos bien cojidas,
para que nada nos separe.
Y cuando llegue ese día,
que así de esta manera
se nos acabe la vida.
Pero los dos siempre juntos,
para seguir otro rumbo
más alla de la mar tranquila.
J. Julios. 14-diciembre-2005.