Callad, callad que ya viene
bajando por La Alameda
con su túnica de seda,
que se mueve con el ritmo
que le dan los que lo llevan.
Callad, que baja el Cautivo,
ese Cristo malagueño
que deja a los que lo vieran
con el alma quieta y serena,
que hasta los pájaros callan
cuando vieran su silueta
llena de amor y tristeza:
Tristeza por lo que le hicieran
más por la traición que el dolor,
porque duele más la ingratitud
que los latigazos que le dieran.
Tiene su rostro sereno
sabiendo el final que le espera,
terminar de darlo todo
por amor a los que se lo hicieran.
Este Cristo malagueño,
que ya llevan por bandera
mucha gente que vino a verle
saltándose las fronteras,
se ha convertido en leyenda.
Leyenda de dolor, amor y entrega
que hace que muchos que no creen
no puedan evitar la pena
de ver a Dios hecho hombre,
al que su propio pueblo pusiera
de tan cobarde manera.
Lo vendieron con un beso
y además treinta monedas.
Pero esta noche gloriosa
camina hacia su destino
bajando por La Alameda,
mecido por sus cofrades
con blanca túnica suelta
que parece que fuera andando
por las mecidas que le dieran
como se mece a un chiquillo.
Y camina lentamente
sobre todas las cabezas
de aquellos que sobre sus hombros
con tanto amor se le llevan.
J. Julios.