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CON LA CARA RAÍDA

 


    Con la cara raída de ochenta primaveras
    se apoya cada tarde
    en la baranda de un balcón que mira al mundo
    y observa desde arriba
    el pausado declive de bullicios.

    Élla sabe que todo se termina.
    Lo decían las monjas del colegio
    y el cura en el sermón de los Domingos.

    Parece que fue ayer cuando la vida
    le abría una gran caja de sorpresas
    y sin embargo hoy,

    que ha roto ya todos los envoltorios,
    ninguna filigrana viene a causarle asombro
    pero aún así,

    con los ojos perdidos en un punto lejano,
    rememora sonrisas ya pasadas,
    juegos y fuegos vivos, besos largos...,
    momentos

    que encienden sus pupilas juveniles
    y matizan su rostro con un rubor que tiene
    toda la nitidez de la esperanza.

    Isabel Sifre Puig
    Octubre 2.006

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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