Quedé prendida en los brazos de Morfeo,
cuándo los sueños inundaron mi mente,
haciendo de mi vida y mi presente,
un enorme y blanco mausoleo.
Volví a las calles que antes transitaba,
la noche era lluviosa, árida y fría.
De pronto se oyó una sinfonía
que melodiosa a ella me llevaba.
Paré mis pies ante aquella figura;
tenía un violín que sin manos tocaba
alta y esbelta, sin rasgo de amargura
las suaves notas al aire deleitaban.
De pronto se quebró la melodía,
al mundo mi cuerpo despertaba,
amargo sueño que deja una agonía,
que solo rompe un rayo de esperanza.
Mas sé seguro que ha de llegar el día,
que acompañe al violín sin más tardanza,
para ese tiempo quiero estar serena,
con la mente y el alma preparadas.
Y subiré a la barca de Caronte,
sin más equipaje que mi calma,
aquí se han de quedar mis pobres versos
mis amigos, mis pinturas y las casas.
Y todo aquello que me ató a la tierra,
tras de las brumas, ya nada me hará falta,
por eso quiero ir haciendo el equipaje,
que no ha de ser de lujos ni pantallas.
Tan solo el equilibrio de mi mente
el haber recordado que hay más almas,
la suave sonrisa hacia un anciano
y la mano a una niña abandonada.
Cosas pequeñas e insignificantes,
tan sólo a los ojos que ametrallan,
con grandes deseos de grandeza,
por conseguir aquello que les falta.
Para cruzar tranquila a la otra orilla,
no necesito más bagaje que mi alma,
ligera del horror y la avaricia,
limpia de orgullo, que en nada me acicala.
Y si es verdad que existe la otra vida,
no tendré miedo para dar la cara.
Ana C. Nieto (Gorrión_2.)
20-abril-2007.