Volé una noche a las estrellas,
buscándole a este mundo la alegría;
y sujeta a la cola de un cometa,
derramé para él mil fantasías.
Y al seguir mi viaje en el espacio,
tropecé con alguna alegoría,
las caras sonrientes de los niños,
que jugaban alegres y crecían.
A mí me pareció todo un milagro,
no ver un azadón en sus manitas,
ni tampoco sus caras descompuestas,
ni panzas por el hambre consumidas.
Solo se oían canciones infantiles
y el correr de sus madres que con prisas
se ocupaban de todos los quehaceres,
para hacer de sus hijos las delicias.
Mas de pronto en mi ruta insospechada,
nubarrones oscuros se deslizan,
para verme de pronto en una nada,
árida seca, tierra quebradiza.
El dolor de las madres cuando claman,
que el derecho a sus hijos los asista.
Esos niños, los hombres del mañana,
son hoy componentes de milicias.
Con las armas al hombro les enseñan,
a sembrar el dolor y la inmundicia,
O a cavar en la herrumbre de la tierra
un sustento y…a esto llaman ¡justicia!
Desperté de mi sueño de utopía,
encontreme en un suelo corrompido
por los hombres que buscan, afanosos,
el ser dioses en un mundo no Divino.
Ana C. Nieto (Gorrión_2.)
14-abril-2007.