La amargura se lleva en el alma,
si no puedes sacar sus raices
y te ahonda tan fuerte que alcanza
a romper de la vida matices.
Yo bebí de la fuente del odio
y comí del trigo de la ira;
en mis venas la sangre corría
como barco que va a la deriva.
Siempre quise sentir en mis carnes
el amor y la paz de esta vida,
pero al mundo venimos los hombres
a luchar contra guerra y mentira.
He sembrado mis campos de flores,
malas hierbas las hicieron trizas.
Levanté con mis manos mil sueños
que mató, alevosa, la envidia.
He llegado al final de mis días
con el alma deshecha y...las manos vacías.
Ya no quiero pensar en pasado,
quiero darle otra oferta a mi vida.
Del rastrojo que se hizo cenizas,
alzo el vuelo, cuál fenix de vida.
Ana C. Nieto (Gorrión_2.) 1 de mayo de 2.006.