14 DE OCTUBRE

 



Vino la muerte a buscarte
cuando menos la esperabas,
cuando tu alma tenía
amueblada nuestra estancia.

Le dijiste que esperara
solo un segundo... un instante.
La muere te respondía...
¡Llegó tu hora, adelante!

Y sola, sin más bagaje
que el dolor de tus entrañas,
bajo tu manto de penas,
le diste a la muerte el alma.

Sola se quedó la casa
y amueblada nuestra estancia,
en los rincones el eco
de tu voz que me llamaba.

Me dejaste un mensaje
envuelto en sábanas blancas,
pero... no supe leerlo, porque
me ahogaban las lagrimas.

Pero al pasar de los años,
he vuelto a pisar tu casa.
Abrí todos los balcones,
para que la luz entrara.

Y descorrí las cortinas
que cerraban tus ventanas.
Los ecos de los rincones...
se tornaron en sonatas

descifrándome el mensaje
que entre sábanas dejaras.
Y me acurruco en el suelo,
al pie de aquella ventana.

¡¡¡ Ay, madre, si yo aquel día
no hubiese tenido lágrimas !!!

Ana C. Nieto (Gorrión_2.) 28 de abril de 2.006.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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