Nunca han de morir los versos
que quedaron de tu pluma.
Y, entre las sierras y cerros,
al abrigo de la luna,
se oyen ecos de guitarra
que son canciones de cuna.
Las que te canta Granada,
recordando la hermosura
de tus sueños y romances,
llenos de paz y amargura.
Allí…en el Albaicín,
de casta gitana pura,
las cuerdas de una guitarra
le están cantando a la luna.
Federico…García Lorca
con tus sones de ternura,
mientras el Darro refleja
su paso por la llanura
y
los almendros se inclinan
rindiendo le a tu figura,
la paz que nunca debieron
ofrecerte prematura.
En un barranco se funde…
el polvo de tu angostura,
dándole savia a la tierra,
la que te dio sepultura.
Bajan el Genil y el Darro
con los reflejos de luna
y se refleja tu esencia
ya sin eco de amargura.
Ana C. Nieto (Gorrión_2.) 28 de abril de 2.006.