Una noche de agosto,
cuando el sol del verano
daba paso a una luna callada,
de mi vida... tu vida
a la luz se asomaba.
Mil guijarros pisados,
muchas lunas de agosto,
ahondáronse en mi vida
dejando en los abrojos
ilusiones y sueños,
quemados cual matojos.
Hojarasca perdida que
al pasar de los años...
fue dejando una herida
en el alma de antaño,
la que por tantas noches
soñaba en tu futuro,
luchando contra vientos
y
encontrándose muros
de indolencia y envidias,
de rabia y resquemores,
de no vivir la vida,
de acentuar errores.
Y otra noche de agosto,
despues de tantos años...
me hunde en la miseria,
mi presente... el pasado
que he vivido una vida,
sin saber que existía
ni el mal ni el desengaño.
Ya he llegado a la meta
que nunca me propuse,
y al repasar mi siembra,
despues de tanto abrojo...
no existen las espigas,
mi campo quedó solo,
baldío de caricias,
sin semilla y... mohoso.
Ana C. Nieto (Gorrión_2.) 21 de abril de 2.006.