Ya se ha dormido ó meu neno,
ya los ángeles lo velan y
entre su pico mil aves
un tul en su cuna cuelgan.
Oh, meu filliño querido,
Dios quiera que tu no veas
las guerras y los dolores
que nos invade la tierra.
Dorme, neno, dorme, rey,
que aquí tu madre te espera
para cambiar tus pañales,
para soñarte una tierra
donde te hagas un hombre y
no conozcas las guerras.
Mañanita olorosa de primavera,
aromas que en el aire
forman esfera,
traerle a mi niño chico,
mil nubes llenas
de aguas de los mares,
de sus laderas,
y de la tiera adentro
flores y frutos y
ramitas de olivo
de oro su jugo.
Nana para José María.
Agosto 1.970. Ana C. Nieto (Gorrión_2.)