Divago por los muros de mi mente,
por un alma repleta de eriales
y veo mis sueños cual vestales,
en un abismo cruel e intermitente.
Se me asocian sonidos de otra gente,
en mi pecho vacío de trigales,
recitándole al alma verdiales,
profundos como el canto de la fuente.
Un tímido susurro de palomas
con su grotesco canto me despierta,
veo por mi ventana viejas lomas
y el olor de esa flor que desconcierta,
queriendo dar la luz cuándo tú asomas
cual un triste eslabón, junto a mi puerta.
Nada me hará que cambie el pensamiento,
ni la vuelta al pasado es ya posible,
se muestra hoy mi sueño predecible,
es la vida, que impone mandamiento.
Ana C. Nieto (Gorrión_2.)
20-junio-2007.