Esto me ocurrió en la infancia
cuando estuve una semana
con mi padre y con mi hermana
en la frontera de Francia.
Nos trató con elegancia
el gendarme en la aduana,
mientras una perra enana
nos ladraba con jactancia.
Yo me quedé estupefacto
ante el insólito acto
visto en el país hermano.
Que una perra sin estudios
nos ladrara sin repudios
y en perfecto castellano.
Germinal Sánchez.
27-julio-2007.