Una fiesta en donde la tortura
se adorna con capotes grana y oro.
una fiesta que exige al noble toro
purgar la sensatez de su bravura.
Hoy siento en mi soneto la amargura
de escribir estas letras que deploro
y unir mi amarga queja a ese coro
contrario de esa fiesta y su aventura.
Entre aplausos felices de la gente
se reclaman trofeos para el diestro
verdugo de una vida de inocente,
y tras de la tortura y fin siniestro
de tan bello animal me invade el llanto,
y de llamarme humano, siento espanto.
Germinal Sánchez
10-junio-2008