MEDITACIONES DEL TORO DE LIDIA III
Toro filósofo

 


Allí en el centro de la hirviente plaza
un pinturero agente se coloca
y a ritmo insinuante me provoca
sabiendo bien, que de mi ardiente raza,
beligerancia evoca.

Yo no puedo quedar indiferente
a la provocación que se me invita,
y acudo con valor hacia esa cita
pregonando la condición valiente
que mi bravura incita.

Me clava sus arpones con gran saña
y después, otro audaz banderillero
siguiendo el triste ejemplo del primero,
decide completar sangrienta hazaña
con elegante maña.

Mi dolor es inmenso, y así mi llanto
le demuestro con un dolor gimiente,
mas mi dolor le suena indiferente
al público que aplaude con encanto
mi tortura y quebranto.

Ya no puedo trotar con la viveza
con que lo hacía al principiar el lance,
y tengo que sufrir amargo trance
cuando esa banderilla con fiereza
me desgarra en mi avance
la piel y los tendones, y su herida
me dicta que ya mi escasa vida
a declinar comienza.




Germinal Sánchez

27-mayo-2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VOLVER