Muy curioso este romance
que el cuento no tuvo en cuenta:
ese lobo enamorado
de la colorida hembra
que llevaba ese pastel
tan rico para su abuela,
y al ver a Caperucita
se enamoró de la nieta,
que aquel lobo tan feroz
cuando vio a la pizpireta
niña de la roja capa
llevar el dulce en su cesta,
pensó: a la niña enamoro
y celebraré una fiesta
con ella y con el pastel,
pues parece bien dispuesta
para compartir conmigo
el dulce y la colchoneta
para darnos un festín
de buen sexo sin receta,
porque para ambas cosas
parece muy bien dispuesta.
Y así se acabó la historia,
pues juguetona y coqueta
resultó ser esa infanta
que al lobo se abrió de piernas.
Germinal Sánchez
17-agosto-2007