No queria saber nada del mundo ni de nadie
No queria saber nada ni de el mundo ni de lo que le rodeaba.
Ensimismado en mi mundo, sólo mi corazón estaba roto en pedazos.
¡Maldita sea! ¿Por qué me estaba pasando a mí?
¡Maldita seas, muerte!
¡Maldita sea la hora en que mi corazón se partió!
¡Maldita aquella llamada donde me comunicaron la muerte de mis ilusiones y mi vida entera!
Sólo quería llorar!
Sólo quería chillar al mundo lo solo que estaba.
Pero.................... ¡Una persona me necesitaba!
Pasó el tiempo, ensimismado en mis penas y mis lágrimas; mi corazón se iba muriendo poco a poco.
Nada me llenaba.
Nada me ponía contento.
¡Deseaba morir!
Pero, sin darme cuenta, me iba alejando de la vida, como cuando alguien suelta un barco para que se marchara a la deriva, yo me marchaba poco a poco de mi vida y mis pensamientos solo estaban en la muerte.
Pero, sin darme cuenta, al mirar hacia un lado, aquella niña de pelo rubio, bien peinado, la veía todos los dias.
Esa carita de Niña, buena y con gafas negras, que no dejaba ver el azul de tus ojos.
Esa carita de Niña, venía hacia mi, y me decia, cuentame de tu vida.
Carita de Niña buena y sonrisa blanca y dulce.
Tus gafas negras, no me dejaban ver tu ojos.
Yo insistía e insistía, tú me contabas de tu hijo, pequeño y enfermo, al cual tú dabas la vida por él.
Y te dije un día: déjame ver el azul de tus ojos.
Y esas gafas negras que tú te quitaste, me enseñaron el azul de tus ojos.
Pero tus ojos, aparte del azul cielo, estaban morados de un maltratador.
Ese maltratador pagó sus penas en la cárcel.
Y tus ojos azules como nuestro cielo azul de Cáceres, me conquistaron.
Me conquistaste, pero más me conquistó tu corazón.
Esa niña de pelo rubio, ojos azules y buen corazón, me devolvió la vida.
Esa niña, de cara buena y buena madre, me dio alegría.
Y fundí contigo un beso de amor, y fruto de esa unión nuestro matrimonio y nuestro diablejo de Moisés.
Te quiero, vida, y en esta asquerosa vida, que todos vivimos, no quiero que te separes de mí ni que nadie nos separe hasta que tú y yo lleguemos a ser dos viejecitos agradables y llenos de felicidad.
Te quiero con toda mi alma y con todo mi corazón, NURY DE MI ALMA.
Abraham.